RAZON DE DUELO, de MIGUEL MARINAS

Razón de duelo, de Miguel Marinas, 1. PortadaJune 29, 2008 10:37 pm

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Razón de duelo
© Miguel Marinas, 2008

Edita: Mikado Libroblogs
Nº 1 de la Colección Traviesas de Poesía

Prólogo: Víctor M. Díez
Portada: Sobre un cuadro S/T, de Juan Rafael
Al cuidado de esta edición: Eloísa Otero

1ª Edición: León, junio de 2008

2. Sobre Miguel Marinas, el autor 10:36 pm

 Miguel Marinas. La foto es de Murciego

    JOSÉ MIGUEL MARINAS (leonés, aunque por azar nació en Vitoria en 1948) es catedrático de Ética y Filosofía Política en la Universidad Complutense de Madrid. Su campo de trabajo se extiende desde el análisis de los valores y códigos de la sociedad contemporánea a las relaciones entre ética, política y psicoanálisis. Es autor de Diario del Viaje a Italia de Michel de Montaigne (1995), Historia: casuística y mística (1998), La fábula del bazar. Orígenes de la cultura del consumo (2001), Lacan en español. Breviario de lectura (2003), La razón biográfica. Ética y política de la identidad (2004), La ciudad y la esfinge. Contexto ético del psicoanálisis (2004), Los nombres del Quijote. Una alegoría de la ética moderna (2005) y La escucha en la historia oral (2007), entre otras obras.
    Publicó poemas en las revistas Los Cuadernos Leoneses de Poesía y El Signo del Gorrión, y en el libro Todos de Etiqueta —una antología de inéditos realizada por Tomás Salvador González para la colección Barrio de Maravillas de la Junta de Castilla y León—.
    Razón de duelo, su primer libro de poemas publicado en la red, es el nº 1 de la Colección
Traviesas de Poesía. No obstante, José Miguel Marinas tiene dos poemarios anteriores, parcialmente publicados en antologías y revistas, De Transhumantes a Transeúntes (1980) y Ejido de las ciudades (1989).

3. Prólogo de Víctor M. Díez 10:36 pm
 
DUELO A LA SOMBRA
 
Víctor M. Díez
    La memoria como un ser otro “mis pasos saben/ que es otro el puente/ otro el tiempo y otro/ yo mismo”; convocada por uno mismo, convocada “para que diga de lo imposible”. La voz, la voz. El poema, su construcción de roturas, de tientos, de deslices…
    Echo de menos esa voz rota, más ajada, su voz flamenca: la que duquela. Porque el duelo, sino, será más la ordenación de las fotografías que la recomposición de ruinosas imágenes. Un mundo que es su ausencia y en que sus ausentes asisten a una convocatoria. ¡Qué responsabilidad, madre! Y el que convoca puede saberlo y no querer fallar, fallarse. La premisa de algo tan cerebral sería correcta sino fuera mera razón ¿razón de ser? 
    “Razón de duelo es el nombre de la definición de las cosas”, dice y se aleja el poeta. Quizás hay y sea justo más alivio que quebranto. Llega la figura del pensador, con sus informes “juntaba papelitos/ como arqueo de pérdidas y ganancias”. Pero no negaremos que es en el paréntesis donde vuelve la vida “(no recuerdo el color de los ojos de mi madre)”, la muerte al poema, y quizás no siempre lo encuentra.
    La línea reparadora, el duelo que consuela no deja, a veces que el poema duela.
    Lo que es. Lo que no es. Lo que falta de una lengua torcida, retorcida es el poema que se intuye hubiera querido leer el propio autor. Es el poema que nombra, los poemas, tantos, que leyó, que conoce, que le dieron la vuelta a la cabeza a él mismo. Lo nombra pero no surge. “Decimos las vueltas / que da la vida”, pero no crea esa oportunidad caótica, de límite, de precipicio que nos araña. Agrada, lo anuncia, lo enuncia, tiene un clasicismo estético y gustoso en las uñas, pero no… araña. Parece más hurgar que arañar lo que pretende el maestro Marinas. El poema es un atentado (Y ¿Por qué ha de serlo? Más dolor sobre el dolor. Pero no hay parto sin dolor. ¿Morir matando? ¿Renacer también?) Quizás no ha desaparecido (del todo) el mundo que lloras, quizás sólo, todavía sólo se tambalea.
“Como si sólo hubiera asidero/ en el poder decir: rescatar el núcleo,/ lo que va por debajo de las condiciones,/ esto también perece/ y sin embargo/ lo llamamos meollo, fondo/ para que no lo toque lo que todo se lleva”. La reflexión es tan oportuna que no debería quizás tener forma de poema. Pero quién ha de decir eso. Quizás no yo (Quizás un no yo). Y yo prefiera esta escena, esta imagen, ejemplo de otras que también están a menudo en el libro: “es sigilosa como el andar a compás/ de dos mujeres/ viudas/ al sol de la caja de ahorros”.
    El doctor Marinas, cantor, cantaor quiere que el duelo no duela. Y se agradece esa forma de estar en el mundo. Alegría hay, y tristeza, en la desaparición de las cosas. El autor se refugia en un clasicismo en el que se protege. Se esconde pero no hace trampa. Se esconde mientras el lector, los personajes, el tiempo cuentan… Y eso vale, se vale. Trae sus notas de memoria, de duelo no sólo por él (también por todos sus compañeros), y eso le honra.

    Mañana dejaré de escribir prólogos. Y eso que había empezado hoy.

                                                                                                Vitines eme 10

Razón de duelo, de Miguel Marinas, 4. razón (I-XV) 10:35 pm
razón

    I

otra vez cruzo la pasarela
sobre las vías del tren
miro a un lado y a otro
 
al espacio que antaño  
se llenaba de humo
blanco de locomotora
 
me saluda me acoge
la figura bermeja
en la ventana
tardo en llegar:
 
mis pasos saben
que es otro el puente
otro el tiempo y otro
yo mismo

    II

quería dar razón del duelo
dejar correr todas las notas de la pérdida
no alivio de la desaparición
del fundido en negro del que no se regresa
mas testimonio del momento en que quien se va
queda continuamente en el umbral
sin irse nunca
y nos hace despedidores medrosos
imantados
un planto continuo y seco
sin más lágrimas que las que la vida consiente
sabiendo que son de este lado
no del lado de lo que no es
que no tiene nombre
ni rocío en las mañanas
pues ni amanece
ni hay tiempo ni manos llenas
ni manos

    III

dar razón del duelo
como quien canta el melisma más terrible
sin voz, entredientes,
y de vez en cuando se vuelve a la vida
y habla y negocia, o dice qué hermoso este edificio
o cómo me gustan las líneas de tu boca
o cuánto falta para el verano
pero sabe que el otro borde del umbral
la parte interior de esa zona sin aire
le convoca de continuo
para que diga de lo imposible algo

    IV

volver y contarlo

como la que se dejaba abrazar
callaba y parecía no acabar nunca
de regresar del silencio

    V

entonces vi la obra de la causa del duelo:
un hacer continuo que borra voces,
presencias, pulsos, intensidades del rostro, respiraciones,
el peso del cuerpo
y el hilván de la risa

un desvivir que lleva el nombre de la vida,
que hace hueco donde lo lleno,
que mata el brillo de lo que brota

razón de duelo es el nombre de la definición de las cosas

    VI

juntaba papelitos
como arqueo de pérdidas y ganancias:
las fechas se quedaban atrás siempre
muertas de muerte legal
en el refugio de los calendarios
con papelera, allí donde los recibos,
allí donde los avisos,
allí donde los carnets,
y las acreditaciones
yacían a los pies de una cazadora
con escopeta
y cartuchera
con cartuchos como días

    VII

vida de los gestos:
surgen desmañados
sin norte ni hechuras
y en cuanto brotan
quedan de piedra
en la memoria

    VIII

ríos y pérdidas
no hay más metáforas:
el mismo flujo terco,
lo que vive y desvive,
los mismos pasos

    IX
 
un cuenco de manos
para capturar el agua de la lluvia
un pliegue de la hoja de la cardenca
donde se almacena el agua del cielo
como en un cuévano
un peine pasando moroso
por la mata de pelo recién lavado
con el agua de lluvia de la cardenca

(no recuerdo el color de los ojos de mi madre)

    X

decimos las vueltas
que da la vida

un camino con recodos,
trocha entre jaras y avenas locas,
sendero con poca definición como para furtivos,
acotado por sebes, barbechos que crían yuyos y chatarra

las vueltas que da la vida no tienen mapa:
lo pintamos mucho más tarde
cuando ya no vemos carriles ni roderas

son las vueltas que da la lengua para nombrar el río quieto
con aguas siempre nuevas

    XI

dónde estás
laguna Dalga:
sigue el agua en que nos bañamos
ajena a la obra de vida
y a la obra de muerte
sin ojos para ver la trama

laguna
con ojos de plata

    XII

grabar en la corteza de los árboles
poner plata en la piel
tatuar los dibujos de los sueños
salir al paso de los ríos
a los pregones de la carretera
que traen pescado
y noticias

acechaba lo repentino
por ver su huella
y su piedra sillar
en la memoria

    XIII

como si sólo hubiera asidero
en el poder decir: rescatar el núcleo,
lo que va por debajo de las condiciones,

esto también perece y sin embargo
lo llamamos meollo, fondo
para que no lo toque lo que todo se lleva

    XIV

sólo la palabra alivia la pérdida:
“calabocito oscuro
donde yo estoy preso”
diminutivo de lo implacable
galería de perpetuas

    XV

fluida pasa la razón de duelo:
no atruena esta razón en marcha
es sigilosa como el andar a compás
de dos mujeres
viudas
al sol de la caja de ahorros

Razón de duelo, de Miguel Marinas, 5. non nomina (XVI-XXII) 10:34 pm
non nomina

    XVI

a los padres les creció la frente
los ojos desmesurados más allá de la pena

no acertaban a poner nombre
a la que pasó de la calle
a la caja
sin que nadie notara cuándo quedó
detenido
el paso escolar
el vuelo de las trenzas y el flequillo
una falda de tablas con peto

los furtivos del barrio
no sabíamos si decirnos amigos suyos
casi novios
o mirarnos los rostros envejecidos

un velatorio de niños
entre la calle de los plateros
y la plaza
a la puerta de una tienda
que era el arca de noé

más tarde vimos que se asomaba
a la mirada de la madre
al acento del padre cuando vendía
ambos reían despacio
como tomando un aire de más peso:

respirando por ella

    XVII

el aire quedaba trastornado después del incendio
ardía más que una tintorería
un despacho de pan
el almacén de las maderas

era la señal de que la vida se iba a renovar
implacable
atravesando la negrura mojada de los pecios de secano

era el duelo anticipado
de las metamorfosis dolientes
que reptan en silencio y derruyen
las caras de las casas
las aceras los badenes los poyos
las huellas de los pies avezados
y los mismos cuerpos de los caminantes

    XVIII

alivio de luto
cuando la ropa vira del negro al malva
o al gris marengo

no hay alivio de duelo:
es un tajo abierto
en el que se ingresa a dar de sí
quebrándose la figura contra el bulto vacío
de quien se fue
antes de permitir que escape
sin dar razón cabal
del abandono

(no devuelve el aliento mío que se lleva
ni el nombre que me sobrepuso
ni el lugar que yo precisamente
ocupaba entre sus palabras)

no hay alivio de duelo
ya no somos completos
ni se pueden recomponer
los escenarios
a los que dimos en llamar nosotros

    XIX

hay un duelo mayor alarido mudo
preso de las aristas de la vigilia,
ahoga tanta bruma quieta
se ha desatado la presencia que habita en la sala

ocurre apenas
pero deja una huella que se reconoce de inmediato
como un animal propio

palpar una felpa mullida
entre las yemas del índice y el pulgar un hilo
la insistencia de un cabello sin volumen ni trama
desazonado pasar y repasar
y no se borra no muda
está como testigo de una escena que nunca cometimos

(el gesto de la boca
al comienzo del llanto)

continua caricia de los dedos nonatos
que no tienen mapa
ni piel como destino

(el repliegue de los labios
antes del gemido)

frontera del sueño
se desprende de su borde
una savia y un pulso a los que no hay regreso

la concitación de los relojes de mesa
las ventanas tomadas por el sol
el cuchillo de las calles
ocaso nata agua fría
los dedos con anillos

mecerse entre dos luces
querer la luna antes de las palabras

(el movimiento de los dientes
entre la queja y el mordisco)

    XX

regiones de la pérdida:
no damos abasto a recorrer los paisajes derrotados

contamos flores nuevas, casas, catedrales, el aparato todo
del mundo como es
y parece que los ajustes cuadran
las metas son casilleros en la planilla que se van tachando
como si estuvieran cumplidas, colmadas las ambiciones
todo va como va, vive la rueda de la culminación

los desperfectos en el núcleo de lo que hacemos parece
que son daños a lo más colaterales

devastadas regiones de la pérdida
tan dentro
tan normalizadas
que no hay ojos ni caligrafía que las haga legibles
todo se resuelve en negar que haya otra vida
precisamente aquí y ahora

    XXI

pero di más que sí lo sabes:

qué te traes en este combate con lo que ya pasó
en mucha parte y lo que no
no hay modo de decir su detenimiento que concita preguntas

qué te traes en este regreso que te condena
a formar sin tiempo alguno
en la cofradía de los amigos de Peter Pan

di eso más que sabes, no lo achaques
a falta de palabras

o a que los conceptos no abrigan la urdimbre de los hechos tenebrosos, desguarnecidos de librillos cosidos, de resmas de papel
que se quedan en blanco como tu misma memoria lerda

como la certidumbre de tener que dar aviso de la pérdida

di lo que sospechas
sin más miramientos
da la voz que te canta de tanto
tanto tiempo atrás
de manera que ya la llamas
tu propia voz oculta

di lo que tocas con las yemas de los dedos
porque no serán formas conocidas
sino la piel de un anfibio detenido en una mesa
la palpitación amagada de los glomérulos
de los vivientes que se han instalado dentro de tu silueta

dilo todo
no aplaces
no calles
no temas

Razón de duelo, de Miguel Marinas, 6. dolientes (XXIII-XXXI) 10:33 pm

dolientes 

    XXII

en el hoyo del duelo
¿qué miel se liba?
¿qué paredes de sangre se levantan?

en el desierto del duelo
¿qué huesos pujan?

    XXIII

siempre destartalados:
la más cercana más lejos
más definitivamente
ausente

un legado de soles vendimiando
risas al cielo
poner el jugo de las uvas en la piel del compañero
morder el dedo que tinta la cara

nombres de los pliegues interiores
cicatrices los relatos
del dolor debido
que a pobres viene como agua
caída sobre lluvia
como secano al tiempo de lumbre

la desmesura
de un mundo que sale
de vientre de madre de quicio
y no regresa

te deja regando plantas
de geranio
y repartiendo
caramelos a los niños que enloquecen

nombres del amor
del deseo
que no encuentran escena
las dádivas como una gavilla
ofrenda a los saurios vecinos

todos los gestos que tejían el mundo conocido
los acentos ajenos
sentados a la mesa
y los cantares para hacer labores
toda la repetición destinada
a fijar los estratos de la tierra
como piedra de amolar lo duro
dada al soplo
que todo lo anula

sortijas relojes fantásticos botellas de colores
una maceta de esparraguera
verde

    XXIV

je ne t’attendrai
au bout d’une ligne droite

qué regiones recorren las palabras
hasta llegar a decir
de modo entero
la pérdida central
el duelo nunca recobrado:

die flambierte Frau
mis ojos
que no ven el cabo del siglo

    XXV

comida de duelo: en ella
perdemos algún órgano vital
sin nombre

lo nota con el tiempo
nuestra manquedad

    XXVI

qué tal el duelo vicario
que cuelga como estampa prendida
en el entredós del abrigo
teñido de azul
marino

tiene los ojos color agua
de un niño condenado a ser
foto de primera comunión

tiene el pelo negro
de mi hermano primogénito
que se quedó en el sur
y me volvió doliente fijo y mudo

    XXVII

al testimoniar
tan sensible pérdida

verbo municipal
para soledades
lágrimas mendigas
y manos que dan vueltas y más vueltas
al pañuelo blanco

    XXVIII

no tan sólo la muerte:
las muertes innumerables ya

el paso de los dolientes
que de la pérdida dicen
razón aquí

no son lutos ni duelos
es la implacable rueda de la melancolía
que no da tiempo
a que lo vivo sea

    XXIX

ratio dolentium:

alicia que era beata
gabriel que jugaba al fútbol
un hombre alto que daba miedo de vivo
todos los vecinos de mi padre

    XXX

otra vez vuelven las señales del duelo:
no es el peso completo de quien se va

son los acentos
contar cosas los dedos
al borde la mesa
lo que miró quien ya no está
y los pájaros que se quedaron
cantando cuando aquello
y han terminado
por alzar el vuelo

    XXXI

infinita paciencia
de los mortales:

inoculados de vida
eterna contando
los días
 

Razón de duelo, de Miguel Marinas, 7. mudas (XXXII-XXXVI) 10:33 pm
mudas

    XXXII

bella falsedad:
en azules mayúsculas
a la puerta del templo del sur

lamento del incendiario
presa de compunción
desengaño de la prótesis

días contados esperando
la caída del velo del templo
la mostración del hueso
estruendo mudo
un momento detenido de silencio
seco

el remedo es eficaz
es más real que lo real
es la viva estampa de la belleza
y el noctámbulo diurno cae de repente en la cuenta

todo remedo
funda belleza
en el mismo hueco del que se fue el ángel

todo simulacro tapa
sutura
cierra
corta mano y corta fierro
para que no queden más ganas
de andar hurgando
entre el tiempo y el sueño

ay que falsa belleza
que agosta la mano dada
la palabra
y el eco

bella falsedad
del desengaño melancólico por las paredes
del templo
del puerto

la suspensión de aire
de las letras azules
mayúsculas
como un Apocalipsis
de pueblo
nuevo
rico

    XXXIII

aparecer del cerco del acento
de los nómadas
suspender los moldes
de las palabras el viaje
de los sonidos por las cavidades
en las que se refugia
el hilo del agua invisible que argumenta
ver frente y ojos
con la tremolación de la garganta
(lo comestible de la voz no devorada)
las resonancias las colmenas
que discurren con la risa y con las manos
deslizarse de espaldas pasar
de la naturaleza común del relato
a la celebración del gesto que todo lo convierte
(mirar, decir, mirar oyendo)
en el silencio de los dones

    XXXIV

era como un cuerpo inerte deslizándose por esta región intermedia
del agua en la que aún son reconocibles los reinos animales, era
como un vegetal, una mata verde que oscilaba apenas con el
movimiento del agua del río no había premeditación ni meta, se
dejaba conducir como en un baile líquido, era una voz queda,
insistiendo en el flujo del rumor que salía de la cabeza, sin boca
abierta, ni ojos avizor, sin oídos atentos, o tal vez sí escuchando,
más hacia adentro que alrededor, el sonido del abrigo del agua
sostenido a base de arrugas suaves, de pliegues como capas de
verdín, como piel de las alas de un quiróptero gris oscuro apenas
reluciente, callada ondulación, blanco de los pies desnudos, sombra
cóncava de manos, dedos, uñas, era un barco humano
contorneando los juncos, las juncias, la raíz de las paleras, las
matas de vilortas, era un cabello mecido a compás de pasos que
descubren los caminos del agua, sobre bajo la línea de flotación, sin
asomar y transparente, como un destino era, burlado, volver
asiéndose a los remansos ciegos demorando la ida y el retorno

    XXXV

ya estoy del lado de la muerte
siempre estuve

el recuento de las pérdidas
y la promesa de los triunfos
no permiten catar la veta de la vida

por eso busco las pocas palabras
el silencio que reúne
ocaso y nacimiento

    XXXVI

sierpe entre dos mudas:
no hay sosiego para el nombre
ni pacificación en los papeles

no extraña que buscando arroyos nuevos
se oye el rumor oscuro
de la corriente en cauce
al pie de las paleras

como un reencuentro

Razón de duelo, de Miguel Marinas, 8. Colofón del autor 9:57 pm

http://razondeduelo.blogsome.com/images/Colof%C3%B3n.jpg

9. Colofón del editor 9:57 pm
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Se terminó de editar este libroblog
nº 1 de la colección Traviesas de Poesía
en León, el 29 de junio de 2008

 

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Nº 1  

 Miguel Marinas

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 Traviesas de Poesía